jueves, octubre 19, 2006

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Atte. 9no Semestre (CS) - Gente UAM

¿Bravo o Atrevido?

Antes del próximo 3 de diciembre los venezolanos tienen que decidirse por una postura electoral; o se vuelven “bravos” votando o se “atreven” a votar. Cosa que, aunque se oiga sencilla, cuesta definirse en la cabeza y el sentir de la sociedad civil.

Volverse un “Bravo Pueblo”, con boina roja incluida en su nombre, significa pertenecer a esos añorados 10 millones de votantes que por cualquier razón o interés, o misión también, se identifican con las ideologías revolucionarias del actual presidente Hugo Chávez, candidato a la reelección luego de 7 años de mandato, y con “su” Socialismo del siglo XXI.

Mientras que atreverse es un término usado en la contienda que quieren seguir, aunque a veces lo duden, muchos venezolanos desesperados por encontrar cómo salir de este sistema de gobierno excesivamente fanático de Bolívar; una campaña encabezada por Manuel Rosales como competencia “única” de Chávez, si se deja a un lado a Benjamín Rausseo.

De todas formas, Venezuela a estas alturas del cuento no necesita que haya más candidatos con cuentos “chimbos” por relatar, el trío Chávez-Rosales-Rausseo es suficiente. Así como tampoco quiere ninguna maquinita electoral, porque desde niños los enseñaron a contar y del fraude dicen los “opositores” estar cansados ya.

Y es que si estos equipos Smarmatic no estuviesen programados bajo el sello de la Revolución Bolivariana, pues serían los “chavistas” los primeros interesados en contar a dedo cada una de las papeletas electorales. Lógico, porque en el momento de defender los intereses personales y de gobierno, muchas son las formas de lograr cambios.

Pero es que no se trata solo del proceso electoral. Venezuela es bombardeada por todos los medios posibles con campañas políticas: Atrévete, atrévete con musiquita pegajosa pidiendo con sazón que voten por Rosales para luchar por la democracia, el progreso, y el futuro. Un candidato que basa su campaña en la falta de seguridad venezolana, quien además toma como ejemplo las Misiones de Chávez para lanzar una tarjeta de débito popular con el nombre Mi Negra.

La primera tarjeta que sin hablar, de forma impresionante, ha recibido más denuncias que cualquier asesino, corrupto y tramposo de este país. Porque resulta que ahora, y según personalidades del Gobierno, los negros no son negros, sino “personas de color”; pues cuando vean a alguien transparente entonces asústese.

Para acompañar a la “Negra”, porque no está sola, los adeptos al Gobierno bajo su lema “Bravo Pueblo” le piden a esos millones de personas que voten nuevamente por el Presidente, para que sigan como en los últimos años vistiendo de rojo, tratando de descifrar de la mano de Chávez qué quiere decir Socialismo del siglo XXI. Porque así como no se conocen los fundamentos de esta forma de gobierno, tampoco se conocen novedades en su campaña electoral.

Para no decir idéntica, en ella se vislumbra un tema revolucionario similar al de 1998, con aires dictatoriales, que da a entender a los venezolanos que la fuerza y la intransigencia son las mejores “armas” para vivir en Venezuela; un contexto altamente militar, que si se descuida puede convertir a los chavistas en un “Pueblo Bravo” y no a la inversa.

Y casi se olvidaba la campaña de Benjamín Rausseo. Y con ello aseguro que muy pocas son las personas que sabían el nombre de pila de El Conde del Guácharo, antes de todo este meollo electoral. Pero tranquilos, tampoco es clave para votar el aprendérselo porque, al lado de los dos candidatos antes mencionados, este pregonero del humor no tendrá mucha vida el 3 de diciembre, a menos que la política venezolana decida seguir dándole sorpresas al pueblo, y no al revés.

Llegados a este punto es bueno reflexionar: no será que los chavistas deben volverse atrevidos para continuar apoyando a Chávez, y dejar lo de “Bravo Pueblo” a la oposición para que se atenga a los hechos inmediatos a las Elecciones 2006. ¡Buena Suerte!


Andrea Ballesteros Ascani - Estudiante de 9no Semestre Comunicación Social (UAM)

Y, ¿cómo llegó hasta aquí?

« El fin justifica los medios » Nicolás Maquiavelo

Recuerdo vivir en una Venezuela donde había lugar para la convivencia sin mayores problemas, en medio del clasismo característico de las sociedades modernas; unos pobres, otros ricos, pero igualmente respetados. Ahora el país parece estar dividido en dos extremos, siendo uno de ellos el fuerte revolucionario prosélito de Hugo Chávez, y el otro el arremetido bando de la “oposición”.

Ante este panorama sólo cabe preguntarle al país, ¿cómo llegó hasta aquí? Como los venezolanos, sin darse cuenta, comenzaron a vivir en un espacio sofocante donde se quiere hacer ver que Venezuela “ahora es de todos” pero que a la final es de unos pocos; de un Gobierno que maneja a su antojo lo que por años y por ley le pertenece a muchos, al pueblo.

El uso del Poder en pro de beneficiar a todos aquellas personas que respalden la ideología “bolivariana”, o revolucionaria del siglo XXI; a los venezolanos (e incluso extranjeros) que justo a tiempo se acomodaron como “chavistas” para asegurar su bienestar económico, de salud y educativo, beneficiándose de un conjunto de misiones y políticas públicas que, en esencia, son interesantes pero en aplicación pretenden manipular la frágil conciencia de los sectores más pobres económica y culturalmente.

El Congreso existente hasta 1999, el cual se convirtió en una Asamblea Nacional que hoy día, 31 de agosto de 2006, se nutre en su mayoría de magistrados adeptos al régimen de turno, quienes siguen a cabalidad las órdenes y deseos del presidente Hugo Chávez, quienes modifican, crean y hacen oficiales leyes que perjudican a determinados sectores del país, motores de la economía, y que en gran medida benefician las acciones del Gobierno, con o sin apego a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Sólo el venezolano que no viva en el país estará en condiciones de no darse cuenta que la corrupción y el sectarismo, por ejemplo, han avanzado a pasos de gigantes en los siete años de mandato presidencial de Chávez. Sin olvidar la inseguridad personal y la criminalidad que alcanza récords mundiales, la paralización de obras prometidas al pueblo con tanta insistencia en todo el territorio nacional, el atropello a los medios de comunicación social y el encarcelamiento no justificado de muchos venezolanos. Más increíble aún, son los viajes del Presidente a numerosos países del mundo mientras el venezolano se destroza en pobreza crítica, en ruptura social y en hambre insaciable.



Por todo esto, es factible creer que el presidente Chávez ha puesto de moda nuevamente en Venezuela, una consigna comunista bajo el nombre de Maquiavelo, según la cual «el fin justifica los medios». No importa qué medios utilice ni a quién emplee para ello, el Presidente regirá a Venezuela bajo sus intereses; abusando del poder concedido para cambiar banderas, escudos, e incluso el nombre al país.

El escenario creado por los hombres más creativos que Venezuela se haya imaginado: un Estado funcionalista a quien no le funcionan todas sus partes por igual, un Gobierno sin políticas relacionales premeditadas; un Ministerio que trabaja para “lo urgente”, con una filosofía de trabajo inmediatista, del aquí y el ahora. Y un Poder, que ya pasó a ser simple fuerza y obligación para los venezolanos, donde la única opción es la que Chávez demande desde arriba.

De ahí que nazca, entonces, el mejor de los consejos: el mes de diciembre representa una oportunidad de elegir, pero no a un Presidente como todos piensan, sino al modelo de país en el que todos quieren vivir. El venezolano no puede esperar para ver en primera fila cómo el Gobierno de turno acaba con la propiedad privada, elimina la educación privada; y peor aún, no puede presenciar cómo el Estado se hace padre de los hijos “ajenos” de centenares de familias venezolanas. Sólo usted sabe cómo y dónde quiere vivir el resto de los días.
Andrea C. Ballesteros A. / Estudiante de 9no Semestre - Comunicación Social