« El fin justifica los medios » Nicolás MaquiaveloRecuerdo vivir en una Venezuela donde había lugar para la convivencia sin mayores problemas, en medio del clasismo característico de las sociedades modernas; unos pobres, otros ricos, pero igualmente respetados. Ahora el país parece estar dividido en dos extremos, siendo uno de ellos el fuerte revolucionario prosélito de Hugo Chávez, y el otro el arremetido bando de la “oposición”.
Ante este panorama sólo cabe preguntarle al país, ¿cómo llegó hasta aquí? Como los venezolanos, sin darse cuenta, comenzaron a vivir en un espacio sofocante donde se quiere hacer ver que Venezuela “ahora es de todos” pero que a la final es de unos pocos; de un Gobierno que maneja a su antojo lo que por años y por ley le pertenece a muchos, al pueblo.
El uso del Poder en pro de beneficiar a todos aquellas personas que respalden la ideología “bolivariana”, o revolucionaria del siglo XXI; a los venezolanos (e incluso extranjeros) que justo a tiempo se acomodaron como “chavistas” para asegurar su bienestar económico, de salud y educativo, beneficiándose de un conjunto de misiones y políticas públicas que, en esencia, son interesantes pero en aplicación pretenden manipular la frágil conciencia de los sectores más pobres económica y culturalmente.
El Congreso existente hasta 1999, el cual se convirtió en una Asamblea Nacional que hoy día, 31 de agosto de 2006, se nutre en su mayoría de magistrados adeptos al régimen de turno, quienes siguen a cabalidad las órdenes y deseos del presidente Hugo Chávez, quienes modifican, crean y hacen oficiales leyes que perjudican a determinados sectores del país, motores de la economía, y que en gran medida benefician las acciones del Gobierno, con o sin apego a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.
Sólo el venezolano que no viva en el país estará en condiciones de no darse cuenta que la corrupción y el sectarismo, por ejemplo, han avanzado a pasos de gigantes en los siete años de mandato presidencial de Chávez. Sin olvidar la inseguridad personal y la criminalidad que alcanza récords mundiales, la paralización de obras prometidas al pueblo con tanta insistencia en todo el territorio nacional, el atropello a los medios de comunicación social y el encarcelamiento no justificado de muchos venezolanos. Más increíble aún, son los viajes del Presidente a numerosos países del mundo mientras el venezolano se destroza en pobreza crítica, en ruptura social y en hambre insaciable.
Por todo esto, es factible creer que el presidente Chávez ha puesto de moda nuevamente en Venezuela, una consigna comunista bajo el nombre de Maquiavelo, según la cual «el fin justifica los medios». No importa qué medios utilice ni a quién emplee para ello, el Presidente regirá a Venezuela bajo sus intereses; abusando del poder concedido para cambiar banderas, escudos, e incluso el nombre al país.
El escenario creado por los hombres más creativos que Venezuela se haya imaginado: un Estado funcionalista a quien no le funcionan todas sus partes por igual, un Gobierno sin políticas relacionales premeditadas; un Ministerio que trabaja para “lo urgente”, con una filosofía de trabajo inmediatista, del aquí y el ahora. Y un Poder, que ya pasó a ser simple fuerza y obligación para los venezolanos, donde la única opción es la que Chávez demande desde arriba.
De ahí que nazca, entonces, el mejor de los consejos: el mes de diciembre representa una oportunidad de elegir, pero no a un Presidente como todos piensan, sino al modelo de país en el que todos quieren vivir. El venezolano no puede esperar para ver en primera fila cómo el Gobierno de turno acaba con la propiedad privada, elimina la educación privada; y peor aún, no puede presenciar cómo el Estado se hace padre de los hijos “ajenos” de centenares de familias venezolanas. Sólo usted sabe cómo y dónde quiere vivir el resto de los días.
Andrea C. Ballesteros A. / Estudiante de 9no Semestre - Comunicación Social